Para un@ adolescente las drogas ofrecen dos cosas. Primero,
un alivio temporal en el esfuerzo que exige el Samsara y, segundo,
una solución a su encuentro con la miseria del Samsara. Bajo el
efecto de algunas drogas, los juegos que se perdieron con la
infancia vuelven a tener atractivo, a la vez que surgen otros
nuevos. 
Otro asunto son los psicodélicos. Los psicodélicos han sido
usados tradicionalmente para la búsqueda espiritual. Y es que el
efecto de los psicodélicos es mover el punto de encaje (la conciencia)
sobre lo que es, lo que supone una excursión al Nagual.
Si el nagual, llegado cierto desarrollo tecnológico, es el
Paraíso, podría pensarse que el tomar psicodélicos es el camino al
Paraíso. 
Y así sería de no ser por la resistencia del Tonal.
En vez de esto, tomar psicodélicos constituye el camino del conocimiento,
que consiste en encontrar la fórmula para acabar de una vez por
todas con la resistencia del Tonal, es decir, encontrar la Verdad y la
revocación de la Condición del Samsara.

Vivir en el Nagual requiere un aprendizaje que el tonal no
permite realizar. 
Y este no permitir ocurre utilizando la miseria
como herramienta. Ela adolescente es sometid@ a una miseria
desquiciante. Precisamente, con la excusa de que se drogaría, es
privad@ de un local donde reunirse. Tiene que estar en la calle
haga frío o calor o llueva y, para colmo, no puede drogarse en sus
lugares habituales de reunión, pues sería descubiert@, sino que
tiene que esconderse, ser furtiv@.
Estas circunstancias hicieron que mi encuentro con el cannabis
fuese más bien desastroso.
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