Cuando nos sentimos afligidos por una gran confusión mental, por espesas dificultades y desgracias, el único refugio son estos hombres santos.
Sin la ayuda de estos santos hombres no podemos cruzar el océano del samsára, pero no debemos permanecer pasivos y aceptar de modo fatalista lo que nos sucede. Aunque no encontremos hombres que posean todas las características que acabamos de describir, si hallamos alguno que posee siquiera una de ellas, debemos recurrir a él, haciendo caso omiso de otros defectos que podemos descubrir en su persona.
La compañía de los sabios, los santos o las personas iluminadas, es el cuarto guardián de la puerta de la liberación. Esta compañía, que llamamos satsanga, estimula nuestra inteligencia, destruye la ignorancia y la angustia física y mental. Sean cuales fueren las dificultades u obstáculos que se interpongan en el camino de esta compañía, nunca debemos renunciar a ella. Satsanga es una potente luz en el camino de nuestra existencia, muy superior a las demás prácticas religiosas como la caridad, la austeridad, la peregrinación a los lugares sagrados o la práctica de los más diversos ritos religiosos.

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