Comienzo desconectando el pensamiento consciente y preparando toda mi fuerza interior para la percepción de sensaciones
espirituales. Afirmo en mí la convicción de que a causa de mi fe inquebrantable en la unidad espiritual de todos los seres
humanos, se presentarán las capacidades deseadas. Entro entonces en un peculiar estado nuevo, en el que independiente del tiempo y del espacio – puedo ver y oír… Ya sea que lea una carta cerrada, encuentre un objeto perdido o practique psicometría, las sensaciones son casi las mismas. Parece como si mi energía se redujera; mi temperatura aumenta y los latidos de mi corazón se tornan irregulares. Creo estar seguro de eso, ya que en cuanto dejo de pensar activamente, algo como una corriente eléctrica recorre mis extremidades durante algunos segundos.

Después de algunos instantes me sumerjo en una gran claridad… Se me presentan imágenes, habitualmente del pasado.
Veo entonces al hombre que escribió la carta, y sé lo que escribe. Veo el objeto perdido en el momento en que se pierde,
con todos los detalles del suceso. O percibo la historia del objeto que tengo en la mano. La visión es un poco nublada,
de modo que tengo que esforzarme mucho para reconocerla. Me cuesta un esfuerzo considerable captar con claridad detalles 
de la escena vista. A veces alcanzo el estado de claridad en pocos minutos; otras veces tengo que esperar durante horas
para alcanzarlo. Eso depende en gran medida de factores medioambientales. 

El escepticismo, la falta de fe o un egocentrismo demasiado fuerte en mis pensamientos, retrasan a menudo la aparición de sensaciones espirituales y el éxito de la percepción.

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