El conocimiento es “transmisión oral”, o sea, es la única forma por la cual el verdadero conocimiento puede pasar de Maestro a discípulo, de boca a oído, a través de los siglos y milenios.

La cultura libresca tiene un valor muy limitado y sólo se recomienda para los iniciantes que están muy al comienzo del camino, a fin de abastecerlos de un mínimo de elementos con los cuales puedan trabajar.

Luego, la lectura intensiva pasa a ser desaconsejada, pues estimula una clase de futilidad típica de los intoxicados de teoría, que actúan como ebrios que repiten cosas de las cuales no tienen suficiente vivencia y, por lo tanto, no saben de lo que están hablando.

A pesar de eso proceden a sofismáticos discursos, bastante convincentes en términos teóricos. Con egos hipertrofiados, se deleitan en escucharse a sí mismos hablar en chorros de verborragia inútil.

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