El Amor me dio la bienvenida, pero mi alma se espantó,
Culpable del polvo y el deseo.
Pero el Amor de ojos raudos, al ver mi creciente flojera
Desde mi primera entrada,
Se acercó hasta mí y, con dulzura, preguntó
Si algo me hacía falta.

“Un invitado,” respondí , “digno de estar aquí”;
El Amor dijo, “Tú serás él.”
“Yo, ¿el malo, el desagradecido? ay por Dios,
No puedo mirarte.”
El Amor me cogió de la mano y sonriendo respondió,
“¿Quién creó los ojos sino yo?”

“Verdad, Señor, pero yo los he estropeado; deja que mi vergüenza
Vaya donde se merece.”
“ Y no sabes,” dice el Amor, “ quién cargó con la culpa?”
“Mi Dios, entonces yo te serviré.”
“Debes sentarte,” dice el Amor, “y probar mi carne.”
Así que me senté y comí.

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