El ego tiende a equiparar tener con Ser: Tengo, luego soy. Y cuanto más tengo, más soy. El ego vive a base de comparaciones. El modo en que te ven otros se convierte en cómo te ves a ti mismo. Si todos vivieran en mansiones o todos fueran ricos, tu mansión o tu fortuna ya no servirían para realzar tu sentido del yo. Entonces podrías mudarte a una sencilla cabaña, renunciar a tus riquezas y recuperar una identidad al verte y ser visto como más espiritual que los demás. El modo en que nos ven los demás se convierte en un espejo que nos dice cómo somos y quiénes somos. En El sentido de la propia valía del ego en la mayoría de los casos está ligado a lo que vales a los ojos de los demás. Necesitas que otros te den un sentido del yo, y si vives en una cultura que equipara en gran medida lo que vales con lo que tienes y cuánto tienes, si no puedes ver a través de este engaño colectivo, estarás condenado a perseguir cosas durante el resto de tu vida, con la vana esperana de descubrir así lo que vales y completar tu sentido del yo.

¿Cómo puedes librarte del apego a las cosas? Ni lo intentes. Es imposible. El apego a las cosas desaparece por sí mismo cuando ya no intentas encontrarte a ti mismo en ellas. Mientras tanto, basta con que seas consciente de tu apego a las cosas. A veces puede que no sepas que estás apegado a algo hasta que lo pierdes o existe peligro de perderlo. Si entonces te irritas, te angustias, etcétera, es que estás apegado. Si eres consciente de que estás identificado con una cosa, la identificación ya no es toal. “Soy la consciencia que es consciente de que hay apego.” Ese es el comienzo de la transformación de la consciencia.

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