Tener un cuerpo astral es un lujo, los hombres creen que lo tienen pero no es asi.

Si su vida está tan mal organizada que no puede disponer de mil rublos, será mucho mejor que no emprenda esta clase de trabajo.

Los hombres son máquinas y de las máquinas no puede esperarse otra cosa que hechos mecánicos.

Toda la gente que Ud. ve, toda la gente que Ud. conoce, toda la gente que aún puede llegar a conocer, todas, todas son máquinas, verdaderas máquinas que trabajan sólo movidas por influencias externas, como Ud. mismo muy bien lo dice. Máquinas nacen, máquinas mueren.

Antes de hablar sobre psicología debemos poner en claro a quién se refiere y a quién no se refiere, dijo. La psicología se refiere a la gente, a los hombres, a los seres humanos. ¿Qué psicología puede haber en relación a las máquinas? (Recalcó la palabra “psicología”) Para el estudio de las máquinas hace falta la mecánica, no la psicología. Por eso es que comenzaremos con la mecánica. Aún distamos mucho de la psicología.

¿Puede uno dejar de ser máquina?, le pregunté.
¡Ah! Esa es justamente la cuestión, dijo G. Si me hubiese Ud. hecho este tipo de pregunta más a menudo podríamos haber llegado a alguna parte en nuestras conversaciones. Si; es posible dejar de ser una máquina, pero para eso es indispensable, ante todo, conocer la máquina. Una máquina, una verdadera máquina, no se conoce a sí misma, y mal puede conocerse. Cuando una máquina se conoce a sí misma ya deja de ser máquina; al menos, no es la misma máquina que era antes. Comienza a ser responsable de sus actos.

¿Quiere Ud. decir que el hombre no es responsable de sus actos?
Un hombre (énfasis en esta palabra) sí, es responsable. Una máquina no lo es.

El hombre es una máquina. Todos sus hechos, todas sus acciones, todas sus palabras, sus pensamientos, sentimientos, convicciones, opiniones y hábitos, todo es el resultado de influencias externas, de impresiones que le llegan de afuera. Por sí mismo, de sí mismo, un hombre no puede producir un solo pensamiento, una sola acción. Todo cuanto dice, hace, piensa, siente, todo eso sucede. El hombre no puede descubrir nada nuevo, no puede inventar nada. Todo sucede.
6. El hombre nace, vive, muere, construye casas, escribe libros, no como él quiere hacerlo, sino como buenamente sucede. Todo sucede. El hombre no ama, no odia, no desea. Todo esto sucede en el hombre sin que el hombre se dé cuenta de ello.
Pero nadie querrá creerle si Ud. dice que nadie puede hacer nada. Esto es lo más ofensivo y lo más desagradable que se le puede decir a una persona. Y es particularmente ofensivo y desagradable porque es la verdad. Nadie quiere saber la verdad.

Verá Ud. que utilizamos un lenguaje muy especial, y que a fin de poder hablar con nosotros será necesario que aprenda Ud. a hablar este lenguaje. No vale la pena hablar en un lenguaje ordinario porque con él resulta imposible lograr un entendimiento mutuo. Por el momento, esto también le parecerá a Ud. extraño. Pero es la verdad. A fin de poder comprender, es necesario aprender otro lenguaje. El lenguaje en que habla la gente impide que los unos se entiendan a los otros. Más adelante verá Ud. por qué esto es así.

Debe uno, entonces, aprender a decir la verdad. Esto le parecerá extraño. Lo que ocurre es que Ud. no comprende que uno tiene que aprender a decir la verdad. La parece que únicamente basta desearlo o decidir hacerlo. Y yo le aseguro a Ud. que muy rara vez las gentes mienten deliberadamente. En la mayoría de los casos creen que dicen la verdad. Sin embargo, están mintiendo todo el tiempo, tanto cuando realmente quieren mentir como cuando quieren decir la verdad. Mienten siempre, tanto a los demás como a sí mismos. En consecuencia, nadie se entiende a sí mismo, ni puede entender a los demás. Piénselo un poco: ¿habría tanta discordia, tan profundos malentendidos, tal odio contra las opiniones ajenas si las gentes pudiesen entenderse los unos a los otros? No pueden entenderse porque no pueden evitar la mentira. Decir la verdad es lo más difícil que hay en el mundo; y uno debe estudiar muchísimo y durante mucho tiempo para poder decir la verdad. No basta con sólo desearlo. Para poder decir la verdad es necesario saber lo que es la verdad y lo que es la mentira, y saberlo, antes qué nada, en sí mismos. Y esto es algo que nadie quiere saber.

Ud. no se da cuenta de su propia situación. Ud. está preso. Todo cuanto puede Ud. desear, si es una persona sensata, es salir de esa cárcel. ¿Pero cómo va a hacerlo? Es preciso cavar un túnel. Un hombre no puede hacerlo por sí sólo. Pero, supongamos que haya unos diez o veinte hombres dispuestos a acometer esta empresa; trabajando por turnos, unos encubriendo a otros, pueden terminar el túnel y salir de la cárcel.
Lo que es más, nadie puede huir de esta cárcel si no obtiene la ayuda de quienes han huida antes que él.

Para que un preso tuviese posibilidades de poder fugarse, tenía que comenzar por darse cuenta de que estaba preso. Mientras no entienda esto, mientras no lo advierta, mientras no se dé cuenta de que está preso, mientras piense o crea que es libre, no tiene la menor posibilidad. Nadie puede ayudarlo, y por cierto que nadie podrá liberarlo a la fuerza, contra su propia voluntad, oponiéndose a sus deseos. Y si hay alguna posibilidad de fuga, ésta puede convertirse en realidad únicamente como resultado de mucho trabajo, de grandes esfuerzos; sobre todo de esfuerzos conscientes, dirigidos hacia un propósito definido y claro.

El “hombre-máquina”, para quien todo está sujeto a influencias externas, a quien las cosas únicamente le ocurren, aquel que ahora es una persona, mañana otra y pasado una tercera, no tiene ni puede tener futuro de ninguna especie; está enterrado y eso es todo. El barro al barro vuelve. A fin de poder hablar de cualquier clase de vida futura, tiene que haber cierta cristalización, cierta fusión de las cualidades internas del hombre, cierta independencia de las influencias exteriores.

A %d blogueros les gusta esto: