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Me parece que el verdadero problema es la mente misma y no ese problema que la mente ha creado y trata de solucionar. Si la mente es miserable, mezquina, pequeña, limitada, por más grande y complejo que sea el problema, esa mente lo afrontará en base a su mezquindad. Si tengo una mente pequeña y pienso en Dios, ese Dios que pienso será pequeño por mucho que lo disfrace de grandeza, belleza, sabiduría, etc. Sucede lo mismo con el problema de la existencia, del abuso, del amor, del sexo, de la relación, de la muerte. Todos son problemas enormes y los afrontamos con una mente pequeña, tratamos de resolverlos con una mente limitada. Aunque tiene unas capacidades extraordinarias y es capaz de inventar, de pensar con astucia y sutilmente, la mente sigue siendo muy pequeña. Puede citar a Marx, el Guita o cualquier otro libro religioso, pero sigue siendo una mente pequeña. Y una mente pequeña que afronta un problema complejo sólo puede crearse a sí misma un nuevo problema. Así, el problema y la desdicha van aumentando. De modo que preguntamos, ¿puede una mente pequeña y estrecha transformarse en algo que no esté limitado por su propia limitación? – Obras completas, tomo X
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