La meditación permite al ser sumergirse en las profundidades del interior de si mismo. Desaparecer en la oscuridad de su esencia. Para que sin ninguna actividad voluntaria solo siguiendo el fluir natural del agua y entregándose a él pueda iniciar el camino que haga que su espíritu, una vez “dominadas” las emociones (aquietar la mente) vuele sin caos… mas allá del espacio acotado de la forma para lo cual es necesario adoptar una actitud de quietud en alerta que permite la ascensión del fluido vital del corazón hacia la mente unificando el sentimiento y el pensamiento en un mismo ser que así conducirá a que la acción sea el tercer elemento de un solo instante trinitario.

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