Los dirigentes de las multitudes, movidos por sus propios intereses, tratan de aumentar los temores de las gentes y fomentan el repudio de todo cuanto sea nuevo o desconocido. La esclavitud, que es la condición de la actual vida del hombre, se basa en este temor. Es sumamente difícil aún imaginar todo el horror de semejante esclavitud. Nosotros no comprendemos lo que las gentes se pierden. Pero, a fin de comprender las causas de esta esclavitud, basta observar la forma en que las gentes mienten. Basta observar que es lo que constituye la finalidad de su existencia, el objeto de sus deseos, de sus pasiones, de sus aspiraciones; basta observar lo que piensan, lo que discuten, lo que sirven y lo que adoran. Consideremos aquellas cosas en que la gente gasta su dinero,

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