Recupera tu propio poder

“Si te sientes bien cuando estás contento y mal cuando estás triste, debes saber que tu Ser Superior te está enviando una señal. Porque tu estado natural es ser feliz. Por eso te sientes bien cuando estas feliz.

Si es al revés, tu camino es sufrir… pero no deberías quejarte por eso, ya que es lo que has elegido.”

Porqué creo que no puedo ayudarme a mí mismo?

Las creencias limitantes que hemos creado, aceptado y acumulado en la era pasada han atascado nuestro camino. Hemos transitado el camino de la resistencia.

La mayoría de los maestros, sanadores y sabios de la era pasada, han promovido que el ser humano debe ser guiado, ayudado y dirigido. Para esto, se impusieron las creencias.

Así, en lugar de usar el propio poder, que por legado, todos los Seres tenemos, hemos convenido entregar nuestro poder al “afuera”.

Nuestra mente a pensamientos colectivos arrastrados por creencias culturales.

Nuestro espíritu a alguna religión, práctica, secta o culto, esperando que alguien, alguien de “allá afuera”, venga a “salvarnos”.

Nuestro cuerpo a la OMS… a sus vacunas y a su sistema industrial de muerte.

Nuestra felicidad a los que nos rodean, dejando en sus manos y en sus actos toda nuestra dicha.

Hemos entregado todo nuestro poder… hemos decidido ser dependientes. Y siempre hemos encontrado a alguien que lo haga por nosotros. Alguien debía decirnos qué hacer, qué pensar y cómo actuar. Nos hemos desconectado de nosotros mismos, al punto de no reconocer a nuestro propio Espíritu. Y nos hemos desconectado de nuestros aliados… pensando que son inalcanzables.

Sin duda, la vieja era nos ha dejado enseñanzas profundas. Un camino que debíamos recorrer para barrer toda la gama de posibilidades que nos brinda la experiencia 3d.

Desde muy pequeños nos han enseñado y hemos aprendido muy bien, que, dentro de nuestra cultura, hay situaciones y actos que están “bien” y otros que están “mal”. Nos han enseñado que hay personas con las cuales es “mejor” relacionarse y otras con las que “no es conveniente” hacerlo.

Nos han enseñado que hay “gente mala” allá “afuera”. Gente que quiere nuestras pertenencias… gente que quiere hacernos daño… Nos han enseñado a “defendernos”, y que nuestro hermano es una “amenaza”.

Hemos aprendido a juzgar, a decir a otros cómo deberían ser. Hemos aprendido a excluir y a dividir.

Hemos creído que podemos decir a otros cómo deberían ser sus vidas. Y hemos creído que teníamos la razón. Creímos que estábamos en lo “correcto” y que los demás estaban “equivocados”.

Creímos que nuestras creencias son las “verdaderas” y que los demás, al no cumplirlas, tenían la “culpa” de nuestras desgracias.

Si profesábamos alguna religión, creíamos que esta era correcta y que el resto se iría al infierno si no se “doblegaban” a los dogmas de la misma.

Con nuestras palabras, hemos juzgado y lanzado hechizos de horror sobre los demás. Si no hacían lo que les decíamos, les pronosticábamos el peor de los fines: “abrígate, o atraparás un resfriado”… les suena??? Eso sólo es una muestra mínima… hay hechizos peores. Y lo hacíamos con quienes “se suponía” que amábamos.

Siempre sabíamos “más que” los demás. Teníamos la tendencia a creer que nuestras experiencias definían… que eran infalibles y que se aplicaban a cualquier otra persona. 

No podíamos manejar nuestras vidas ni nuestro destino. Pero creíamos que podíamos manejar la vida de los demás???. Qué cosa extraña, no???

De modo que, a través del bagaje de creencias, estábamos pendientes de lo que hacía nuestro hermano, sólo para juzgarlo, para corregirlo, para decirle qué debía hacer, pensar o decir, o considerándolo “equivocado”, o tal vez, viéndolo como una amenaza.

Fue la era de mirar “afuera”. Fue el momento de entregar todo nuestro poder al “afuera”.

Por qué hacíamos eso? No nos animábamos a mirar dentro. No lográbamos establecer la conexión con nosotros mismos. Y si lo hacíamos, descubriríamos que hay mucho trabajo por hacer. Era más fácil mirar la paja en el ojo ajeno, antes de ocuparnos de la viga en nuestro propio ojo. Nos daba miedo. Ser poderosos y decidir ser 100% responsables, nos daba miedo. Juzgábamos a otros y tratábamos de vivir sus vidas, porque nos daba miedo vivir nuestra propia vida.

 

He escuchado a infinidad de “maestros”… “sanadores”… “sabios”… “guías”… “gurús”… Personas con mensajes realmente importantes, que podrían haber devuelto a todos el poder entregado… personas que pensaban que tenían “algo” que los demás no. Personas que pensaban que debían “ayudar” a los demás, a los “equivocados”, a alinearse en un determinado camino…

Todo esto ha sido necesario. Pero…

 

La era ha cambiado. Todo ha cambiado

 

Todavía permanecen los maestros de la vieja era, coexistiendo con el nuevo Ser Humano.

En esta nueva etapa, si crees que debes ayudar a alguien, sólo promueves la necesidad de ser ayudado. Le quitas su propio poder. Tienes que ayudarte a ti mismo! Así ayudarás a otros… pero no porque hagas algo especial, o porque tengas algo que los demás no tienen. Ayudas a otros porque ellos podrán ver que si tú te ayudas, ellos pueden también ayudarse, en lugar de fijar su atención AFUERA, juzgando a los demás.

El único modo de servir a otros es devolviéndoles o mostrándoles su propio poder.

Todos tienen en su interior TODO lo que necesitan para recorrer el camino. Todos tienen su guía absolutamente confiable. Conecta con tu Ser Interior. Todos tienen las herramientas en su interior para resolver cualquier situación que se les presenta en la vida. Porque las situaciones, las circunstancias, no definen al SER. Son sólo circunstancias.

Si logras mirar ADENTRO, verás que tienes tu propio camino por recorrer. Nadie puede decirte cuál es. Nadie puede siquiera sospechar cuál es el camino que debes recorrer. Tal vez otros hermanos te acompañen, pero no puedes obligarlos… mucho menos forzarlos… y mucho menos lanzarles hechizos de desgracias si no lo hacen. No puedes manipularlos.

Cada uno tiene su propio camino. Y debe recorrerlo, según su propio diseño. Y el único que sabe cuál es ese camino es Tu propio Ser Superior… el de cada uno.

Cada uno, en su interior, tiene su propia Luz. Es la propia Luz la que sana. Es la propia Luz la que indica dónde, cómo y por qué. No logramos ver ni escuchar… porque estamos viviendo la vida de otros!

Si quieres ayudar a los demás, devuélveles su propio poder. No crees la dependencia física y emocional. Ellos no te necesitan a ti! Ellos necesitan conectar con su propio SER!!! Y si ellos no quieren hacerlo, es perfecto. Sólo significa que todavía no están listos. No presiones! No puedes obligarlos. Esa no es tu tarea.

Y tú, maestro, sanador, sabio… ayúdate a ti mismo. Si vienen a ti… muéstrales sus opciones… Puedes mostrar opciones! Puedes mostrar a otros cómo encontrar su propio poder dentro! Puedes ayudar a encender la Luz propia de cada uno! Puedes mostrarles cómo recuperar su libertad!!!

Si crees que tienes “poder” sobre otros… si crees que has descubierto o comprendido algo que te hace “mejor que”… si crees que tienes “algo” que tus hermanos no tienen… si te compadeces de ellos, pensando que “no pueden hacerlo por sí mismos”… si los sometes a la dependencia física y emocional… revisa tus creencias, amado maestro, sanador, sabio. Vuelve a pensarlo, porque hay conceptos que se te han atascado. Las trampas del ego no descansan jamás.

Todas las respuestas se encuentran DENTRO de cada uno. Recupera tu poder. Y devuelve el poder al colectivo humano. Lleva a cada uno de vuelta a SI MISMO. Conecta ya mismo con tu propio SER! Recorre tu propio camino y permite que los demás recorran el que les pertenece. Ya deja de lanzar hechizos limitantes contra ti mismo y contra los demás. Integra la dualidad y úsala para establecer tus propias preferencias, en lugar de usarla para condenar a otros, “allá afuera”.

Si quieres experimentar ser indefenso, sin opciones… una víctima de las actitudes de otros. Si necesitas ser salvado por alguien “allá fuera”… Si necesitas que otros te presten atención o manipularlos para que hagan, piensen o digan lo que tú quieres… si necesitas experimentar o conservar el resentimiento, hazlo. Pero hazlo consciente. De ese modo, podrás tomar buenas decisiones para ti mismo en este cambio de era.

 

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