Para liberarnos de la cárcel mental producida por el ego alterado, hay que sentir con el corazón: hay que llorar para liberar el dolor. Posiblemente sentirse vulnerable para consolar las memorias del pasado. Revivir los momentos dolorosos para curarlos. Como un ejemplo, suele existir mucho dolor en la infancia en la que uno como adulto, al encontrarse con su niño interno, puede darle finalmente el cariño y comprensión que nunca tuvo. La libertad está en el perdón. Para perdonar a otros hay que perdonarse primero.

Perdonar nuestro odio, nuestra envidia, nuestros errores. Comprendernos para comprender a los demás y liberarnos de la culpa.

Así domamos la mente con el corazón.

Este trabajo es conveniente realizarlo en vacaciones, cerca a la naturaleza para estar cerca de nuestras propias raíces; cerca al arte y a la música. Y aún mejor, si es en soledad o con el amor de una pareja.

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