“Ser o no ser, he ahí la cuestión”. Éste es el dilema de Hamlet,
personaje de Shakespeare, en torno al año 1600. 400 años después, la publicidad ha convertido este profundo dilema en una tontería:

“No es lo que tengo, es lo que soy reza un estúpido anuncio”

La solución al dilema es un poco más sofisticada esta vez. El
ser es efímero. Ya que somos mortales, el ser cesa antes o
después (casi infinito). El ser, realmente, está asociado al acto, es decir, se es mientras se actúa, pero cuando el acto termina, termina también el ser.

En fin, el ser no es acumulativo. Lo único que se acumula es el poder.

El ser en cursiva, el ser acumulativo surge de la Condición del
Samsara, de la obligación de tener que ganarse la vida, y es lo que constituye el cuerpo. Y el hacer, en cursiva, es el esfuerzo por incrementar este ser. En el Paraíso no hay Condición del Samsara, ni cuerpo, ni esfuerzo; luego, en el Paraíso, ni se es, ni se hace; y el ser es fluido y cambiante.

La pretensión de acumular el ser, es decir, la pretensión de ser,
atenta contra el espíritu, pues es el fundamento de todos los
objetivos. Un objetivo se persigue en función del ser que
supuestamente va a proporcionar, y que se manifiesta en la
sensación de ser ela más list@ del mundo.

Entonces, el ser es relativo: Se refiere a lo listo que es el sujeto respecto a l@s demás.

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