Los impulsos que la Jerarquía planetaria envía para la materialización de una obra evolutiva están ligados con leyes, ciclos y etapas que son observados rigurosamente. El grado de precisión con el que actúa la Jerarquía no permite que un trabajo sea iniciado cuando aún no se completó la madurez interna de los seres ligados con él.
 
A pesar de que existe una clara ligazón de ciertos individuos con áreas del planeta magnetizadas para trabajos futuros, eso no es suficiente para que ellos asuman la tarea de colaborar en la materialización de la energía de esas áreas.
 
Colocar a un ser frente a situaciones con las cuales aún no se puede tratar directamente es una infracción a la ley, tanto como lo es cultivar la ambición por realizar aquello para lo cual no se está preparado.  Sobre todo cuando hay un descompás en este sentido, es decir, cuando los seres no están totalmente preparados para las tareas que les corresponden, es necesario que vivan con desapego lo que les es ofrecido a cada instante. Deben estar atentos para no querer hacer de ese instante un medio para alcanzar metas personales, aunque ellas tengan apariencia de espiritualizadas.
 
La obra de la Jerarquía no se realiza desde fuera hacia dentro. Es a medida que la vibración de los núcleos internos del ser se fortalece y comienza a impregnar los vehículos materiales, controlando sus manifestaciones, transmutando los puntos oscuros que existan en sí y rompiendo sus ligazones con la vida humana, que él es gradualmente llevado a asumir sus tareas ligadas con esta obra.
 
Para contar con el apoyo de la ley de la evolución, se deben cumplir las etapas de desenvolvimiento de la consciencia, sin ansiedad por realizar empresas grandes ó pequeñas. Esto siempre es válido y más aún cuando no se está liberado de los impedimientos que aparentemente tienen menor importancia. a propósito de esto, un Maestro decía que es venciendo pequeñas dificultades como un día se consigue derribar grandes obstáculos.
 
En muchos seres de buena índole hay aspiración a colaborar en la materialización de núcleos de trabajo vinculados a la Jerarquía. En los niveles internos esa aspiración siempre es pura y verdadera, no obstante, en los niveles de la personalidad decae en calidad, inclusive como consecuencia de las inevitables interpretaciones erróneas de la mente acerca de las realidades espirituales.
 
Cuando la parte humana e idealista predomina sobre la parte pura, espiritual, el ser puede desviarse del camino. Si el querer humano interfiere en asuntos espirituales, es posible que ocurran hechos que no tienen nada que ver con la orientación de la Jerarquía. Dedicarse al trabajo espiritual con la esperanza de encargarse de la realización de una gran obra donde se pueda ejercer el poder de forma personal, equivale a transformar la pura donación del ser interior en comercio.
 
Es necesario que el ser ame tanto la vida interior que nada espere de ella. Sólo así puede llegar a descubrir su verdadera tarea, que casi nunca es la más evidente.
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