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Regresar a casa puede ser muchas cosas distintas para muchas mujeres distintas. Una pintora rumana amiga mía sabía que su abuela se encontraba en su fase de regreso a casa cuando sacaba una silla de madera al jardín de la parte de atrás y permanecía sentada contemplando el sol con los ojos abiertos..

El regreso a casa no cuesta necesariamente dinero. Cuesta tiempo… Por mucho tiempo que haya transcurrido, sabemos encontrar el camino. Caminamos de noche cruzando tierras extrañas y tribus desconocidas sin ningún mapa, preguntando a los viejos personajes que encontramos por el camino:

“¿Por dónde se va?”

La respuesta exacta a la pregunta “¿Donde está el hogar?” es más complicada, pero se trata en cierto modo de un lugar interior, de un lugar del tiempo más que del espacio, en el que una mujer se siente entera. El hogar está allí donde un pensamiento o un sentimiento se puede conservar sin que se interrumpa o nos sea arrebatado porque otra cosa exige nuestro tiempo y nuestra atención. A lo largo de los siglos las mujeres han encontrado miles de maneras de tenerlo y crearlo, aunque sus deberes y sus tareas fueran interminables.
“Es justo que las mujeres se esfuercen por salir, se liberen, tomen, hagan, conspiren y afirmen su derecho a regresar a casa.

El hogar es un estado de ánimo continuado o una sensación que nos permite experimentar sentimientos no necesariamente manifestados en el mundo exterior: Asombro, visión, paz, liberación de las preocupaciones, de las exigencias, de los constantes parloteos…

Los vehículos que utilizan las mujeres para regresar a casa son muchos:

La música, el arte, el bosque, la espuma del mar, el amanecer, la soledad, volver a leer pasajes de libros y poemas que nos han emocionado, tenderse en el suelo en medio de las sombras del crepúsculo, construir tambores, saludar el amanecer, Tener un amigo especial, sostener a un niño en brazos, sentarse junto a la luna de un café y ponerse a escribir…

Todos ellos nos conducen al nutritivo mundo interior del hogar que posee sus propias ideas, su orden y su sustento.
El hogar es la prístina vida instintiva que funciona tan suavemente como un eje que se desliza sobre su engrasado cojinete, donde todos los ruidos suenan bien, la luz es agradable y los olores nos tranquilizan en lugar de alarmarnos. La manera en que una pase el tiempo a la vuelta no tiene importancia, lo esencial es cualquier cosa que revitalice el equilibrio. Eso es el hogar…

 

Clasrissa Pinkola Estés

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