Trabajar de escritor en este principio de siglo es un asunto difícil.

Lo que mas he valorado en ellos son, justamente, sus juicios de valor sobre las cosas que nos suceden.

Nada mas ni nada menos. Pero, ¿que aclarar cuando hoy, en este siglo xx, el espíritu desfondado por la lucidez ya lo ha aclarado todo? Sobre que explicarse cuando todo se ha explicado?, ¿como no repetirnos una y otra vez en este discurso divino que ha formado la literatura?

Digo, ¿como superar el gen de la idiotez?, ¿cual sera nuestro camino después de haber conocido las viejas ideas?.

¿Quien nos dirá el “hacia donde y para que” ahora que esta todo dicho?

Ya no hay libros que nos digan que se debe hacer, ya no tenemos música que expresan nuestros sentimientos.

Nosotros que hemos sido vicio y virtud, nosotros que somos cima y profundidad, superficie y abismo, nosotros que hemos escuchado lo que había que escuchar, que observamos lo que había que observar, nosotros, que conocemos todas las melodías, todas las locuras, las voluntades, los estilos y los ismos, nosotros que conocemos todos los deseos… ¿cual es tu deseo?… todos quieren algo… tu alma a cambio de un deseo de vanidad.

Nosotros los de voluntad amplia, los que hemos roto la cadena para volver a unirnos a ella, nosotros los que nos hemos bebido la crueldad del mundo de la copa mas amplia.

Nosotros que hemos sabido no perdernos en el laberinto de la mente, nosotros que hemos sido santos, vagabundos demonios y locos.

Nosotros que somos insuperablemente libres, nosotros, que somos dueños de nosotros mismos, amos y señores, nosotros, que conocemos todas las mascaras y todos los secretos, nosotros, que vemos detrás del velo.

Nosotros que sabemos que el misterio no se resuelve, no se descubre pues es insondable, inefable e indescriptible.

Nosotros que conocemos nuestra verdadera naturaleza y origen, nosotros que tenemos identidad, nos toca hoy, por fin, hacer escuchar nuestro silencio.

Nosotros que conocemos todas las filosofías y civilizaciones ¿que vamos a hacer?

Nosotros que nos hemos ocupado por saber y vivir. Nosotros que sabemos según el mundo interior y el exterior.

Nosotros que estamos definitivamente desengañados y no sufrimos por eso.

Nosotros que hemos caminado el camino de dolor y la humillacion.

Nosotros que conocemos las pasiones, las obsesiones, el mundo y sus trampas perceptuales… y mortales.

Nosotros que conocemos el delirio del amor

Nosotros que hemos visto casi todo y no renegamos de ello. Ya no sufrimos por verdades.

Nosotros que hemos vuelto de la locura, nosotros, que morimos cada día.

Nosotros que hemos recorrido toda la esfera.

Nosotros que somos felices en la infelicidad.

Nosotros que detestamos a los excéntricos y amamos a los simples.

Nosotros que conocimos el árbol de la sabiduría y supimos apartarnos a tiempo.

Nosotros que fuimos lejos y ya no podemos volver.

Nosotros que ya no tenemos mas motivo y justificación que nuestra propia existencia.

Nosotros que tenemos por único propósito existir.

Nosotros, que conocemos el alcance de la ilusión, que sabemos que lo que realmente es es formidablemente Uno.

Y entonces, querido lector, ¿como no perder la calma con la conciencia clara de la memoria inconsciente colectiva de toda la humanidad metida dentro de nuestras cabezas?

Nosotros, que conocemos la armonía que da la conciencia de haber hecho lo mejor.

Nosotros que hemos solucionado el problema del pensamiento, silenciandolo, callando nuestro dialogo interior con su radio de 24 hs de programación ininterrumpida.

Nosotros que sabemos que dentro de la nube de Nada viene el desfile.

Nosotros que conocemos todas las religiones, todos los cultos, y no juramos a ninguno, no por no creer, sino porque ya hemos cobrado la promesa.

Nosotros que conjuramos todos los terrores.

Nosotros que no queremos salvación ni cura pues ya hemos sido curados y agradecidos estamos.

Nosotros que conocemos las ventajas de vivir entre fantasmas.

Nosotros que vemos la vacuidad en la imagen.

Nosotros que sabemos que esperar, nosotros, que estamos solos en nuestra inanidad.

Mi nada y yo. Nosotros, que lo hemos logrado todo y no queremos nada.

Nosotros que cada tanto nos cruzamos con Dios.

Nosotros que rompimos con todas las tradiciones y no por eso estamos locos.

Nosotros, que conocemos los males de la verdad y la ignorancia.

Nosotros, que hemos dejado de ser indecisos intelectuales, que logramos la armonía de las grandes contradicciones.

Nos, que conocemos las aventuras de la soledad.

Nosotros, que ya no hablamos del mal y el bien en forma absoluta por que lo absoluto no es ni uno ni lo otro, y sin embargo, conocemos la ética.

Nosotros que reconocemos el caos de los sentimientos que nos gobiernan,

en suma,

nosotros que conocemos todas esas cosas y comprendemos sin sentir vanidad por ello,

te preguntamos, ¿cual es la intensidad de tu sentimiento?

Nosotros  que conocemos los caminos que no llegan a a ningún lado y seguimos caminando.

Nosotros, que conocemos el dolor inicial,

esa herida absurda donde Dios sangra,

escribimos de puño y letra,

en este momento,

estas palabras,

y seria justo advertirte entonces que

ni yo mismo se como van a continuar…

¿Sera posible que no allá nada mas para decir?

Javier Ferro

Año 2001 DC.

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