La mayoría de las personas dedican su vida a preocuparse por las cosas materiales, están más interesados por el “tener” que por el “ser”. Y al final de la vida (cuando se ha perdido casi toda la energía o está al borde de la muerte) se da cuenta que ha tenido la oportunidad más grande de la vida: el ser totalmente libre y consciente y que la ha desperdiciado. 

Se trata de “sentir energías”, aunque se va más allá con el manejo de esa energía, pero Carro tiene razón, para poder manejar una cosa, primero hay que percibirla, ser consciente de ella y cito de EL ENTRENAMIENTO “Donde antes sólo escuchaban y leían palabras, frases e intenciones, ahora sentirán energías. Donde antes veían actos, acciones y reacciones, ahora verán energías. Donde antes percibían emociones que muchas veces los dominaban, ahora percibirán energías que podrán manejar porque comprenderán su causa y razón”. Al igual que existen personas que ahorran dinero y otros que lo despilfarran, en el mundo hay dos tipos de personas, los que malgastan la energía y los que la ahorran. 

El ahorro de energía comienza con un solo acto que tiene que ser premeditado, preciso y continuo. Si ese acto se lleva a cabo por un periodo de tiempo largo, uno adquiere un sentido de intento inflexible que puede aplicarse a cualquier cosa. Si se logra ese intento inflexible el camino queda despejado. 

El problema está en que para comenzar este camino se necesita convencernos de que existe un poder escondido dentro de nosotros mismos y que podemos alcanzarlo, algunos lo llaman fe, otros creer, el término que se emplee no importa. Una vez que uno se convence de que es capaz de alcanzar ese poder, empieza el trabajo diario con uno mismo y con todo lo que nos rodea, ya que la energía se puede escapar por cualquier sitio. Se puede ahorrar mucha energía con simplemente no hacer las cosas a las que se está acostumbrado, como quejarse, sentir lástima de uno mismo o preocuparse por cosas queno tienen remedio.Una vez que lo alcanzamos, el poder mismo hará uso de esos inaccesibles campos deenergía. Empezamos entonces a “ver”, es decir, a percibir algo más, no como una cosade la imaginación sino como algo real y concreto. Y después comenzamos a saber demanera directa, sin tener que usar palabras. Y lo que cada uno de nosotros haga conesa percepción acrecentada, con ese conocimiento silencioso, dependerá de nuestropropio temperamento.Esto no termina aquí.

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