Nuestra vida consiste en una serie de exigencias de comodidad, seguridad, realización, posición, felicidad, reconocimiento, y en raros momentos también queremos descubrir qué es la verdad, qué es Dios. De modo que hacemos de Dios o la verdad sinónimo de satisfacción propia. Queremos recibir gratificación y por consiguiente, hacemos de la verdad algo que está al final de nuestra búsqueda, de nuestra lucha y hacemos de Dios nuestro último refugio. Nos movemos de un patrón a otro, de una jaula a otra, de una filosofía o sociedad a otra, esperando encontrar felicidad, no sólo felicidad en la relación con las personas, sino también encontrar felicidad en un lugar de descanso en el que la mente nunca sea molestada, un lugar donde la mente deje de estar torturada por su propio descontento. Podemos decirlo de diferentes maneras, podemos utilizar diferente dialéctica filosófica, pero eso es lo que todos buscamos, un lugar donde la mente puede descansar, donde la mente no esté torturada por sus propias actividades, donde no haya sufrimiento. – Obras completas, tomo VII

A %d blogueros les gusta esto: